
PD: Nico, no le pongas más a mis películas la categoría "rara". En su defecto, poné "joyas", pero raras? eso dejáselo a las películas lineales que le gustan a chacho, como el club de la pelea.


Bueno, como verán, estoy con muchas ganas de recomendar buenas películas, así que hoy además de "Compañeros!" les voy a comentar (como no puede ser de otra manera) un peliculón.
Cierta tarde me encontraba paseando por algún oscuro barrio de mi querida Santa Fe, cuando al entrar a un video club veo un VHS que hizo palpitar mi corazón de felicidad. Automáticamente le entregué cinco roñosos pesos al dueño y me hice para mi colección personal con la película "Vamos a matar compañeros!!". Se imaginaran mi desilución cuando tras pasarle un trapito a la tapa apareció una coma, quedando el título "Vamos a matar, compañeros!", lo que implicaba que no iba a morir ningún peronista en la película (a lo sumo eran ellos los que fajaban a alguien). Igua, tomando coraje, la puse en mi querida videocasetera (si, soy orgullosamente de los 80!) y me encontré con una película maravillosa, increíblemente entretenida y que pasaré ahora a reseñar.
compre las armas.
Bueno, por ser mi primera entrada en el blog, voy a salir con los tapones de punta, recomendando una película que ni siquiera chacho, en sus más oscuros momentos de objetivista - previo a su conversión en sindicalista - se atrevió a ver.
La película en si misma es una joya del surrealismo aplicado al horror. Como ustedes preveerán, es una película que trata sobre conflictivas relaciones entre muertos y los gustos sexuales de los protagonistas.Highlights
Por todo esto y más, Nekromantik es una de mis películas favoritas y que por lo tanto es la primera que recomiendo.
Saludos!
A Clockwork Orange (1971) La Naranja Mecánica relata las aventuras de Alex DeLarge, el anti-héroe de turno, un ferviente amante de Beethoven que dedica sus noches a drograse, violar mujeres, patear ancianos y vagabundos, y desatar furiosas grescas contra otros clanes (un poco de sana ultra-violencia, diría el). Se nos presenta a este personaje en la cumbre de su infamía, disfrutando plenamente de su perversidad como un niño disfruta de sus travesuras, sin tener plena conciencia de lo que ellas representan bajo otros órdenes.
La película da un vuelco inesperado. Se plantea la posibilidad de salvar a un monstruo como Alex, mediante la represión de sus impulsos delictivos a través de la incorporación de un reflejo pavloviano. Lo interesante, y donde radica la verdadera escencia de La Naranja Mecánica, es la discusión que subyace a esta técnica, puesto que, al condicionar a un delincuente, se terminan por violar sus mismísimos derechos. Burgess se encarga de presentarlo maravillosamente puesto que, si bien el condicionamiento a la ultra-violencia podría ser aprobado socialmente, un efecto colateral de la técnica (apropiadamente conocida como la Ludovico Technique) elimina el último resquicio visible de sensibilidad en Alex, su pasión por Beethoven.
La Naranja Mecánica es una de esas pocas películas capaces de alterar nuestra percepción del mundo, afectándonos sobremanera y sacudiendo nuestras conciencias. Es imposible permanecer indiferente ante ella. Ya sea que nos horrorice completamente, la encontremos extraordinariamente divertida, o ambas cosas a la vez, termina volviéndose parte de nuestras vidas. Repleta de escenas y detalles memorables, los personajes, las situaciones límite, la genialidad de Kubric, la descollante actuación de McDowell, la música y hasta el propio lenguaje (el nadsat, una suerte de dialecto con influencia rusa creado por Burgess) no dejan de sorprendernos.
Sumamente violenta, sumamente controvertida, sumamente perturbadora, sumamente conmovedora... Sencillamente, una obra de arte.